miércoles, 24 de noviembre de 2010

Croniquita.

Hace algunos años, viaje a Rosario por trabajo, con un compañero. El viaje se hizo en una camioneta de la empresa de la cual formábamos parte.

De ida mi compañero vio y señalo un cartel que decía Caja de Frutillas $5.- la caja se veía desde la ruta más que tentadora. Luego de arduo debate y suposiciones sobre el precio actual de dicha fruta en Buenos Aires, nos prometimos al regreso arrojarnos sobre ese puesto y volver a nuestras casas con las frutillas en cuestión.

El laburo en la ciudad de la bandera fue el esperado, exitoso, por demás incluso, pero nuestra mente seguía obsesiva con esas frutillas, abundantes, baratas, lujuriosas… El puesto en cuestión era de unas cualidades higiénicas dignas de envidia, 4 palos un toldo armado con film de 200 micrones de esos que se usan para invernaderos. Salimos de Rosario, la camioneta que no andaba a mas de 90Km por hora, parecía haber entendido nuestro deseo y marco un máximo de 96Km por hora durante casi 4 minutos, algunos mal pensados aluden que fue íbamos en bajada.

Legamos al puesto. Las frutillas ahí, impúdicas, libres de pecado nos miraron. Abrí la puerta, aun con la camioneta en movimiento.

El vendedor salió del tolderio sonriente, feliz, como alguien que ofrece la cura a todos los males…

YO: Hola como le va, queríamos llevarnos 4 cajas de frutillas.

Acá vale una aclaración la caja que se veía desde la ruta, era de esas cajas de 2 Kg de frutillas.

Vendedor: Si como no.

Se acerco a esa estantería precaria repleta de tentaciones y agarro cuatro cajitas de 10cmx10cm (Aprox. 200gs).

Mi compañero se quedo mudo, indignado dio medio paso a tras. Yo soy menos leal al silencio en algunas cuestiones.

YO: Pero me cagaste, la caja que se ve es la grande…

Vendedor: Ustedes los porteños no entienden nada de Marketing…

De fondo sonaba Gilda, lo miré, sonreí y le dije, dame 8 cajas.

No fueron las más baratas, ni siquiera las más ricas, pero tenían el sabor de la picardía. Algo que no siempre se consigue en las góndolas…

Bestiario.

4 comentarios:

neete dijo...

Jajaja te pasó lo que a mí pero en mi caso saliendo de Rosario. De vuelta me prometí comprar esas frutillas, una ganga.
Se ve que sos de los tipos que ven la mitad llena del vaso. Está bueno, te hace la vida más fácil de llevar.
Le dije al frutillero, -Me estás cagando- y él me dice -No pibe, nunca te dije como era la caja..-
Tenía razón, y por esa misma picardía le terminé comprando.
Hay cosas que el dinero no puede comprar, como que te arranque una sonrisa la "viveza" de un frutero en el costado de la ruta.

La Condesa Sangrienta dijo...

Me dieron ganas de conocer al frutillero (además, la frutilla es mi fruta preferida)

Fuck You! dijo...

Bueno, a ver... me digné a hacer el comentario... ;)
"Vendedor: Ustedes los porteños no entienden nada de Marketing… De fondo sonaba Gilda, lo miré, sonreí y le dije, dame 8 cajas."
Es, en esa simpleza, donde tenes todo el relato, y eso me parece GENIAL.

Matías dijo...

Ja, viste, a los porteñitos acá nos los comemos vivos. A los gatos no, los cocinamos. (?)